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Por esto el kaiser providencial había mostrado inexplicables desfallecimientos. Pudiendo con su inmenso poderío aniquilarlo todo, se limitaba á mantener la paz.

pero la nación no quería detenerse, y empujaba al conductor que la había puesto en movimiento. había que ir adelante, hasta conquistar la tierra entera. necesitamos las colonias de los demás, ya que bismarck, por un error de su vejez testaruda, no exigió nada á la hora del reparto mundial, dejando que inglaterra y francia se llevasen las mejores tierras. necesitamos que pertenezcan á alemania todos los países que tienen sangre germánica y que han sido civilizados por nuestros ascendientes.
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francia lo era también por los francos: una tercera parte de su sangre procedía de los germanos. después de nuestro triunfo continental, tiempo tendremos de pensar en su suerte. la américa del norte también debe recibir nuestra influencia civilizadora. existen en ella millones de alemanes, que han creado su grandeza. hablaba de las futuras conquistas como si fuesen muestras de distinción con que su país iba á favorecer á los demás pueblos. estos seguirían viviendo políticamente lo mismo que antes, con sus gobiernos propios, pero sometidos á la dirección de la raza germánica, como menores que necesitan la mano dura de un maestro. formarían los estados unidos mundiales, con un presidente hereditario y todopoderoso, el emperador de alemania, recibiendo los beneficios de la cultura germánica, trabajando disciplinados bajo su dirección industrial. pero el mundo es ingrato, y la maldad humana se opone siempre á todos los progresos. la _kultur_ sublimiza lo demoniaco que llevamos en nosotros, y está por encima de la moral, la razón y la ciencia. la guerra aún no se había declarado: la diplomacia negociaba. tal vez se arreglase todo pacíficamente en el último instante, como había ocurrido otras veces. su primo veía las cosas algo desfiguradas, por un entusiasmo agresivo.
la seguridad con que lo dijo disipó todas las esperanzas de julio. además, le inquietaba el viaje de este hombre con pretexto de ver á su madre, de la que se había separado poco antes. el papel de agredido es siempre el más grato y justifica todas las resoluciones ulteriores por extremadas que parezcan. allá tenemos gentes que viven bien y no desean la guerra. es conveniente hacerlas creer que son los enemigos los que nos la imponen, para que sientan la necesidad de defenderse. sólo los espíritus superiores llegan á la convicción de que los grandes adelantos únicamente se realizan con la espada, y que la guerra, como decía nuestro gran treitschke, es la más alta forma del progreso. otra vez sonrió con una expresión feroz. pero la moral estorba á los gobiernos, y debe suprimirse como un obstáculo inútil. para un estado no existe la verdad ni la mentira: sólo reconoce la conveniencia y la utilidad de las cosas. el glorioso bismarck, para conseguir la guerra con francia, base de la grandeza alemana, no había vacilado en falsificar un despacho telegráfico. la historia mira con bondad su hazaña.
era la guerra preventiva recomendada por el general bernhardi y otros compatriotas ilustres. resultaba peligroso esperar á que los enemigos estuvieran preparados y fuesen ellos los que la declarasen. además, ¿qué obstáculos representaban para los alemanes el derecho y otras ficciones inventadas por los pueblos débiles para sostenerse en su miseria?. tenían la fuerza, y la fuerza crea leyes nuevas. si resultaban vencedores, la historia no les pediría cuentas por lo que hubiesen hecho. era alemania la que pegaba, y los sacerdotes de todos los cultos acabarían por santificar con sus himnos la guerra bendita, si es que conducía al triunfo. --nosotros no hacemos la guerra por castigar á los servios regicidas, ni por libertar á los polacos y otros oprimidos de rusia, descansando luego en la admiración de nuestra magnanimidad desinteresada. queremos hacerla porque somos el primer pueblo de la tierra y debemos extender nuestra actividad sobre el planeta entero. lo que esos pueblos alcanzaron con una preparación de muchos años lo conseguiremos nosotros en cuatro meses. la bandera de tempestad del imperio va á pasearse por mares y naciones: el sol iluminará grandes matanzas. la vieja roma, enferma de muerte, apellidó bárbaros á los germanos que le abrieron la fosa. tenemos la fuerza, y el que la posee no discute ni hace caso de palabras.
¡la fuerza! esto es lo hermoso: la única palabra que suena brillante y clara. a veces, el destino ofrece terribles sorpresas. hay fuerzas ocultas con las que no contamos y que trastornan los planes mejores. la sonrisa del doctor fué ahora de soberano menosprecio. todo estaba previsto y estudiado de larga fecha, con el minucioso método germánico. el enemigo más temible era francia, incapaz de resistir las influencias morales enervantes, los sufrimientos, los esfuerzos y las privaciones de la guerra; un pueblo debilitado físicamente, emponzoñado por el espíritu revolucionario, y que había ido prescindiendo del uso de las armas por un amor exagerado al bienestar. quedaba rusia, pero sus masas amorfas eran lentas de reunir y difíciles de mover. el estado mayor de berlín lo había dispuesto todo cronométricamente para el aplastamiento de francia en cuatro semanas, llevando luego sus fuerzas enormes contra el imperio ruso, antes de que éste pudiese iniciar su acción. queda otro enemigo: uno que no ha saltado todavía á la arena, pero que aguardamos todos los alemanes. ese nos inspira más odio que los otros porque es de nuestra sangre, porque es un traidor á la raza.
este adversario no es más temible que los otros. hace un siglo que reina sobre el mundo. como dice nuestro bernhardi, el pueblo inglés es un pueblo de rentistas y de _sportsmen_. su ejército está formado con los detritus de la nación. nosotros somos un pueblo de guerreros, y nos será fácil vencer á los ingleses, debilitados por una falsa concepción de la vida. dios nos ayudará sembrando la confusión en estos pueblos odiosos. la revolución va á estallar en francia al mismo tiempo que la guerra. argensola creyó del caso sonreir con una incredulidad agresiva. no hay mas que leer en los periódicos las recientes huelgas de san petersburgo, las manifestaciones de los huelguistas con pretexto de la visita del presidente poincaré. inglaterra verá rechazadas por las colonias sus peticiones de apoyo. la india va á sublevarse contra ella y egipto cree llegado el momento de su emancipación.» aquel hombre debía tener serios motivos para formular tales profecías de desgracia. su presencia en parís, por lo mismo que era inexplicable para desnoyers, daba á sus palabras una autoridad misteriosa. no será tan fácil la victoria como crees. parece que en los últimos años francia se ha preocupado de su ejército.
vosotros no sabéis hasta dónde llega la potencia ofensiva de alemania. nadie lo sabe con certeza más allá de sus fronteras. si nuestros enemigos la conociesen en toda su intensidad, caerían de rodillas, prescindiendo de sacrificios inútiles. el recuerdo de los elementos de fuerza acumulados por su raza le sumía en una especie de adoración mística. nuestros enemigos nos aborrecen, y sin embargo nos imitan. todo lo que lleva la marca de alemania es buscado en el mundo. los mismos países que intentan resistir á nuestras armas copian nuestros métodos en sus universidades y admiran nuestras teorías, aun aquellas que no alcanzaron éxito en alemania. muchas veces reímos entre nosotros, como los augures romanos, al apreciar el servilismo con que nos siguen. una cobardía intelectual, el miedo al fuerte, hacía admirar todo lo de procedencia germánica, sin discernimiento alguno, en bloque, por la intensidad del brillo: el oro revuelto con el talco.
los llamados latinos, al entregarse á esta admiración, dudaban de las propias fuerzas con un pesimismo irracional. ellos eran los primeros en decretar su muerte. y los orgullosos germanos no tenían mas que repetir las palabras de estos pesimistas para afirmarse en la creencia de su superioridad. con el apasionamiento meridional, que salta sin gradación de un extremo á otro, muchos latinos habían proclamado que en el mundo futuro no quedaba sitio para las sociedades latinas, en plena agonía, añadiendo que sólo alemania conservaba latentes las fuerzas civilizadoras. los franceses, que gritan entre ellos, incurriendo en las mayores exageraciones, sin darse cuenta de que hay quien les escucha al otro lado de las puertas, habían repetido durante muchos años que francia estaba en plena descomposición y marchaba á la muerte.
¡por qué se indignaban luego ante el menosprecio de los enemigos!. hartrott casi saltó de su asiento al escuchar tal duda. pero argensola le escuchó con la tranquilidad del que pisa un terreno seguro. ¡oh tardes de plácida lectura junto á la chimenea del estudio, oyendo chocar la lluvia en los vidrios del ventanal!. su doctrina es de orgullo, pero de orgullo individual, no de orgullo de nación ni de raza. argensola recordaba palabra por palabra á su filósofo. un gran saber puede ir acompañado de una gran barbarie, por la ausencia de estilo ó la confusión caótica de todos los estilos. alemania, en opinión de nietzsche, no tenía cultura propia por su carencia de estilo.» sus odios se concentraban sobre su propio país. «no puedo soportar la vida en alemania. el espíritu de servilismo y mezquinería penetra por todas partes. yo no creo mas que en la cultura francesa, y todo lo demás que se llama europa culta me parece una equivocación.
los raros casos de alta cultura que he encontrado en alemania eran de origen francés. su ideal fué una cultura para toda europa, pero con base latina. los hombres que piensan mucho dicen muchas cosas. además, nietzsche era un poeta que había muerto en plena demencia, y no figuraba entre los sabios de la universidad. su fama la habían labrado en el extranjero. y no volvió á ocuparse más de aquel joven, como si se hubiese evaporado después de sus atrevidas objeciones. toda su atención la concentraba ahora en desnoyers. tú no has presenciado las agitaciones del bulevar con motivo del proceso cailloux. reaccionarios y revolucionarios se han insultado hasta hace tres días. yo he visto cómo se desafiaban con gritos y cánticos, cómo se golpeaban en medio de la calle. y esta división de opiniones aún se acentuará más cuando nuestras tropas crucen las fronteras. los antimilitaristas claman, creyendo que está en manos de su gobierno el evitar el choque. ¡país degenerado por la democracia y por la inferioridad de su celtismo triunfante, deseoso de todas las libertades!. nosotros somos el único pueblo libre de la tierra, porque sabemos obedecer. tenemos la libertad que conviene á un gran pueblo: la libertad económica é intelectual. el profesor acogió esta pregunta con un gesto de menosprecio.
somos un pueblo de amos, que reconoce las jerarquías y desea ser mandado por los que nacieron superiores. nosotros tenemos el genio de la organización. los pueblos quedarían organizados de modo que el individuo diese el máximum de su rendimiento en favor de la sociedad. los hombres regimentados para toda clase de producciones, obedeciendo como máquinas á una dirección superior y dando la mayor cantidad posible de trabajo: he aquí el estado perfecto.
la libertad era una idea puramente negativa si no iba acompañada de un concepto positivo que la hiciese útil. los dos amigos escucharon con asombro la descripción del porvenir que ofrecía al mundo la superioridad germánica. cada individuo sometido á una producción intensiva, lo mismo que un pedazo de huerta del que desea sacar el dueño el mayor número de verduras. el hombre convertido en un mecanismo. nada de operaciones inútiles que no proporcionan un resultado inmediato. ¡y el pueblo que proclamaba este ideal sombrío era el mismo de los filósofos y los soñadores, que habían dado á la contemplación y la reflexión el primer lugar en su existencia!. hartrott volvió á insistir en la inferioridad de los enemigos de su raza. para luchar se necesitaba fe, una confianza inquebrantable en la superioridad de las propias fuerzas. no digo que los franceses sientan miedo. tienen un pasado de bravura que los galvaniza en ciertos momentos. pero están tristes, se adivina que harían cualquier sacrificio por evitar lo que se les viene encima. el pueblo gritará de entusiasmo en el primer instante, como grita siempre que lo llevan á su perdición. las clases superiores no tienen confianza en el porvenir; callan ó mienten, pero en todos se adivina el presentimiento del desastre. se muestra indignado contra los gobiernos de su país porque le comprometen en conflictos europeos por defender á pueblos lejanos y sin interés.
se queja de los patriotas exaltados, que han mantenido abierto el abismo entre alemania y francia, impidiendo una reconciliación. dice que alsacia y lorena no valen lo que costará una guerra en hombres y dinero. y como tu padre piensan muchos otros: todos los que se hallan satisfechos de su bienestar y temen perderlo. créeme: un país que duda y teme la guerra, está vencido antes de la primera batalla. hoy dice eso porque la guerra no es todavía un hecho, y él necesita contradecir, indignarse con todo lo que se halla á su alcance. los alemanes establecidos en parís habían huído en grandes bandas, como si circulase entre ellos una orden secreta. aquella tarde iban á partir los últimos que aún se mantenían en la capital ostensiblemente. --he venido á verte por afecto de familia, porque era mi deber darte un aviso. tú eres extranjero y nada te retiene aquí. la guerra va á ser dura, muy dura, y si parís intenta resistirse como la otra vez, presenciaremos cosas terribles. los medios ofensivos han cambiado mucho. desnoyers hizo un gesto de indiferencia. anoche, él y tu familia me contestaron de igual modo. hasta mi madre prefiere quedarse al lado de su hermana, diciendo que los alemanes son muy buenos, muy civilizados y nada puede temerse de ellos cuando triunfen.
al doctor parecía molestarle esta buena opinión. --no se dan cuenta de lo que es la guerra moderna, ignoran que nuestros generales han estudiado el arte de reducir al enemigo rápidamente y que lo emplearán con un método implacable. el terror es el único medio, ya que perturba la inteligencia del contrario, paraliza su acción, pulveriza su resistencia. y alemania va á ser cruel, con una crueldad nunca vista, para que no se prolongue la lucha. había abandonado su asiento, requiriendo el bastón y el sombrero de paja. argensola le miraba con franca hostilidad. luego se dirigió hacia la puerta, acompañado por su primo.
puede ser que me equivoque, y esta gente, convencida de que su defensa resulta inútil, se entregue buenamente. de todos modos, pronto nos veremos. tendré el gusto de volver á parís cuando la bandera del imperio flote sobre la torre eiffel. a principios de septiembre, con seguridad. francia iba á desaparecer; para el doctor, era indudable su muerte. nosotros gobernaremos el mundo: ellos se cuidarán de inventar modas, harán agradable la vida del extranjero que los visite, y en el terreno intelectual les estimularemos para que eduquen actrices bonitas, produzcan novelas entretenidas y discurran comedias graciosas. desnoyers rió mientras estrechaba la mano de su primo, fingiendo tomar sus palabras como paradojas. la última hora de la república francesa como nación importante ha sonado. la he visto de cerca, y no merece otra suerte. desorden y falta de confianza arriba; entusiasmo estéril abajo. al volver la cabeza vió otra vez la sonrisa de argensola. estamos acostumbrados á examinar los pueblos que fueron, á estudiarlos fibra por fibra, y podemos conocer con una sola ojeada la psicología de los que aún viven. el bohemio creyó ver á un cirujano hablando con suficiencia de los misterios de la voluntad ante un cadáver.
cuando se cerró la puerta fué al encuentro de su amigo, que volvía desalentado. argensola ya no tenía por loco al doctor julius von hartrott. ¡y pensar que viven sueltos estos fabricantes de sombríos errores!. quién diría que son de la misma tierra que produjo á kant el pacifista, al sereno goethe, á beethoven. haber creído tantos años que formaban una nación de soñadores y filósofos ocupados en trabajar desinteresadamente por todos los hombres. con una cabeza sueña y poetiza, mientras con la otra piensa y ejecuta. este profesor le parecía más temible que el consejero y los otros burgueses alemanes que había conocido en el buque. su tristeza no era únicamente por el pensamiento egoísta de que la catástrofe iba á estorbar la realización de sus deseos y los de margarita. el, aunque no se había mezclado nunca en las luchas de la política, era republicano y había reído muchas veces de ciertos amigos suyos que adoraban á reyes y emperadores, considerando esto como un signo de distinción.
al francés hay que verlo á la hora en que procura remediar sus imprevisiones. diga lo que diga el bárbaro de tu primo, hay entusiasmo, hay orden. peor que nosotros debieron verse los que vivían días antes de lo de valmy. todo desorganizado: como única defensa, batallones de obreros y campesinos que por primera vez tomaban un fusil. y sin embargo, la europa de las viejas monarquías no supo cómo librarse durante veinte años de estos guerreros improvisados. tan pronto el peligro de la guerra aparecía conjurado, como circulaba la voz de que la movilización iba á ordenarse dentro de unos minutos. veinticuatro horas representaban las inquietudes, la ansiedad, el desgaste nervioso de un año normal. y lo que agravaba más esta situación era la incertidumbre, la espera del acontecimiento temido y todavía invisible, la angustia por el peligro que nunca acaba de llegar. la historia se extendía desbordada fuera de sus cauces, sucediéndose los hechos como los oleajes de una inundación. austria declaraba la guerra á servia, mientras los diplomáticos de las grandes potencias seguían trabajando por evitar el conflicto. la red eléctrica tendida en torno del planeta vibraba incesantemente en la profundidad de los océanos y sobre el relieve de los continentes, transmitiendo esperanzas ó pesimismos.
rusia movilizaba una parte de su ejército. alemania, que tenía sus tropas prontas con pretexto de maniobras, decretaba el estado de «amenaza de guerra». los austriacos, sin aguardar las gestiones de la diplomacia, iniciaban el bombardeo de belgrado. guillermo ii, temiendo que la intervención de las potencias solucionase el conflicto entre el zar y el emperador de austria, forzaba el curso de los acontecimientos declarando la guerra á rusia.
francia presenciaba esta avalancha de acontecimientos, sobria en palabras y manifestaciones de entusiasmo. dos generaciones habían venido al mundo recibiendo al abrir los ojos de la razón la imagen de una guerra que forzosamente llegaría alguna vez. nadie la deseaba: la imponían los adversarios. pero todos la aceptaban, con el firme propósito de cumplir su deber. sólo algunos grupos de patriotas exaltados, siguiendo los tres colores de la bandera, pasaban por la plaza de la concordia para dar vivas ante la estatua de estrasburgo. las gentes se abordaban en las calles amistosamente. todos se conocían sin haberse visto nunca. las mujeres estaban tristes, pero hablaban fuerte para ocultar sus emociones.
en el largo crepúsculo de verano, los bulevares se llenaban de gentío. los barrios extremos confluían al centro de la ciudad, como en los días ya remotos de las revoluciones. las manifestaciones pasaban por el centro, bajo los faros eléctricos que acababan de inflamarse. el desfile se prolongaba hasta media noche, y la bandera nacional aparecía sobre la muchedumbre andante escoltada por las banderas de otros pueblos. en una de estas noches de sincero entusiasmo fué cuando los dos amigos escucharon una noticia inesperada, absurda: «han matado á jaurés. ¡muerto el tribuno precisamente en el momento que más útil podía resultar su palabra de caldeador de muchedumbres!. desnoyers creyó por unos momentos que iban á cumplirse los sombríos vaticinios de su primo. este asesinato, con sus correspondientes represalias, podía ser la señal de una guerra civil. pero las masas del pueblo, transidas de dolor por la muerte de su héroe, permanecían en trágico silencio.
a la mañana siguiente el peligro se había desvanecido. los obreros hablaban de generales y de guerra, enseñándose mutuamente sus libretas de soldado, anunciando la fecha en que debían partir así que se publicase la orden de movilización: «yo salgo el segundo día.» los del ejército activo que estaban con permiso en sus casas eran llamados individualmente á los cuarteles. se sucedían con atropellamiento los sucesos, todos en una misma dirección: la guerra. los alemanes invadían el luxemburgo; los alemanes se permitían avanzar en la frontera francesa cuando su embajador todavía estaba en parís haciendo promesas de paz.º de agosto á media tarde, la muchedumbre se agolpó ante unos pedazos de papel escritos á mano con visible precipitación.
estos papeles precedieron á otros más grandes é impresos llevando en su cabecera dos banderitas cruzadas. francia entera iba á correr á las armas. y los pechos parecieron dilatarse con un suspiro de desahogo. era preferible la cruel realidad á una incertidumbre de días y días que los prolongaba como si fuesen semanas. en vano el presidente poincaré, animado por una última esperanza, se dirigía á los franceses para explicar que «la movilización no es la guerra» y que un llamamiento á las armas sólo representaba una medida preventiva. y los que iban á partir en la misma noche ó al día siguiente se mostraban los más entusiastas y animosos: «ya que nos buscan, nos encontrarán. ¡viva francia!» el _canto de partida_, himno de marcha de los voluntarios de la primera república, había sido exhumado por el instinto del pueblo, que pide su voz al arte en los momentos críticos. los versos del convencional chenier, adaptados á una música de guerrera gravedad, resonaban en las calles al mismo tiempo que la _marsellesa_.
desde el crepúsculo circularon por las calles grupos de hombres que se dirigían á las estaciones. sus familias marchaban con ellos, llevando la maleta ó el fardo de ropas. los amigos del barrio los escoltaban. una bandera tricolor iba al frente de estos pelotones. los oficiales de reserva se enfundaban en sus uniformes, que ofrecían todas las molestias de los trajes largamente olvidados. con el vientre oprimido por la correa nueva y el revólver al costado, caminaban en busca del ferrocarril que había de conducirlos al punto de concentración. uno de sus hijos llevaba el sable oculto en una funda de tela. la mujer, apoyada en su brazo, triste y orgullosa al mismo tiempo, dirigía con amoroso susurro sus últimas recomendaciones.
nunca se había visto en las calles de parís tantos vehículos. y sin embargo, los que necesitaban uno llamaban en vano á los conductores. todos los medios de transporte eran para los militares; todas las carreras terminaban en las estaciones de ferrocarril. los pesados camiones de la intendencia, llenos de sacos, eran saludados por el entusiasmo general: «¡viva el ejército!» los soldados en traje de mecánica que iban tendidos en la cúspide de la pirámide rodante contestaban á la aclamación moviendo los brazos y profiriendo gritos que nadie llegaba á entender. la fraternidad había creado una tolerancia nunca vista. se empujaba la muchedumbre, guardando en sus encuentros una buena educación inalterable. muchos empleados habían abandonado sus puestos para decir adiós á la familia y tomar el tren. toda la vida de parís se concentraba en media docena de ríos humanos que iban á desembocar en las estaciones. desnoyers y argensola se encontraron en un café del bulevar cerca de media noche. los dos estaban fatigados por las emociones del día, con la depresión nerviosa que sigue á los espectáculos ruidosos y violentos. la guerra era un hecho, y después de esta certidumbre, no sentían ansiedad por adquirir noticias nuevas. la permanencia en el café les resultó intolerable. en la atmósfera ardiente y cargada de humo, los consumidores cantaban y gritaban agitando pequeñas banderas.
todos los himnos pasados y presentes eran entonados á coro, con acompañamiento de copas y platillos. el público, algo cosmopolita, revistaba las naciones de europa para saludarlas con sus rugidos de entusiasmo. todas, absolutamente todas, iban á estar al lado de francia. eran rentistas, de vida ordenada y mediocre, que tal vez no recordaban en toda su existencia haber estado despiertos á tales horas. el idioma extranjero que empleaban los vecinos dió al marido una alta idea de su importancia. los dos amigos tuvieron que emprender á pie el regreso á su casa. no encontraron un vehículo que quisiera recibirlos: todos iban en dirección opuesta, hacia las estaciones. ambos estaban de mal humor, pero argensola no podía marchar en silencio. paseos los domingos por los alrededores de parís, varias idas al cinematógrafo, comentarios sobre las sublimidades de la última novela publicada en el folletón de un diario popular, besos á la despedida, cuando ella tomaba al anochecer el tren de bois colombes para dormir en el domicilio paterno: esto era todo. pero argensola contaba malignamente con el tiempo, que madura las virtudes más ácidas. aquella tarde habían tomado el aperitivo con un amigo francés que partía á la mañana siguiente para incorporarse á su regimiento. la muchacha lo había visto algunas veces con él, sin que le mereciese especial atención; pero ahora lo admiró de pronto, como si fuese otro.
había renunciado á volver esta noche á la casa de sus padres: quería ver cómo empieza una guerra. comieron los tres juntos, y todas las atenciones de ella fueron para el que se iba. hasta se ofendió con repentino pudor porque argensola quiso hacer uso del derecho de prioridad buscando su mano por debajo de la mesa. mientras tanto, casi desplomaba su cabeza sobre el hombro del futuro héroe, envolviéndolo en miradas de admiración. he tenido que abandonarlos para no prolongar mi triste situación. ¡qué generosidad la de las mujeres cuando creen llegado el momento de ofrecer!. su padre le inspira gran miedo por sus cóleras, y sin embargo se queda una noche fuera de casa con uno á quien apenas conoce y en el que no pensaba á media tarde. la nación siente gratitud por los que van á exponer su existencia, y ella, la pobrecilla, desea hacer algo también por los destinados á la muerte, darles un poco de felicidad en la última hora. y regala lo mejor que posee, lo que no puede recobrarse nunca. sólo tenía noticias de ella por varias cartas.
pensaba en su hijo, que era oficial y debía partir el primer día de la movilización. ella estaba inquieta igualmente por su hermano y consideraba inoportuno ir al estudio mientras en su casa gemía la madre. le preocupaba también aquel cheque de cuatrocientos mil francos traído de américa. el día anterior habían excusado su pago en el banco por falta de aviso. luego declararon que tenían el aviso, pero tampoco le dieron el dinero. en aquella tarde, cuando los establecimientos de crédito estaban ya cerrados, el gobierno había lanzado un decreto estableciendo la moratoria, para evitar una bancarrota general á consecuencia del pánico financiero.
tal vez cuando terminase la guerra que aún no había empezado; tal vez nunca. el no tenía otro dinero efectivo que dos mil francos escasos que le habían sobrado del viaje. todos sus amigos se encontraban en una situación angustiosa, privados de recibir las cantidades que guardaban en los bancos. los que poseían algún dinero estaban obligados á emprender una peregrinación de tienda en tienda ó formar cola á la puerta de los bancos para cambiar un billete.» el ruso, al devolver el saludo, dejó escapar del fondo de su barba un ligero olor de vino. sin invitación alguna arregló su paso al de ellos, siguiéndoles hacia el arco de triunfo. julio sólo había cruzado silenciosos saludos con este amigo de argensola al encontrarle en el zaguán de la casa. pero la tristeza ablanda el ánimo y hace buscar como una sombra refrescante la amistad de los humildes. tchernoff, por su parte, miró á desnoyers como si lo conociese toda su vida. había interrumpido su monólogo, que sólo escuchaban las masas de negra vegetación, los bancos solitarios, la sombra azul perforada por el temblor rojizo de los faroles, la noche veraniega con su cúpula de cálidos soplos y siderales parpadeos.
y á estas horas gritarán de entusiasmo lo mismo que los de aquí, creerán de buena fe que van á defender su patria provocada, querrán morir por sus familias y hogares que nadie ha amenazado. le miró el ruso fijamente, como si extrañase su pregunta. fuí corresponsal de diario en berlín, y conozco aquellas gentes. al pasar por el bulevar lleno de muchedumbre, he visto con la imaginación lo que ocurre allá á estas horas. también cantan y rugen de entusiasmo agitando banderas. francia no quiere conquistas; su único deseo es ser respetada, vivir en paz, sin humillaciones ni intranquilidades.» la república no es una cosa perfecta, amigos míos, pero representa algo mejor que vivir bajo un monarca irresponsable por la gracia de dios. cuando menos, supone tranquilidad y ausencia de ambiciones personales que perturben la vida. y yo me he conmovido ante el sentimiento generoso de estos dos obreros que, en vez de pensar en el exterminio de sus enemigos, quieren corregirlos, dándoles lo que ellos consideran mejor.
desnoyers, que le escuchaba con interés, hizo un movimiento de sorpresa y se dijo: «este tchernoff ha bebido algo. hay otra superior que eleva el alma y no permite que la dignidad humana sufra sin protesta continuas humillaciones. un ciudadano suizo que vive en su _chalet_ de madera, considerándose igual á los demás hombres de su país, es más civilizado que el _herr professor_ que tiene que cederle el paso á un teniente ó el rico de hamburgo que se encorva como un lacayo ante el que ostenta la partícula _von_.
conozco el hambre y el frío de los calabozos; he vivido en siberia. pero frente á nuestra tiranía ha existido siempre una protesta revolucionaria. una parte de la nación es medio bárbara, pero el resto tiene una mentalidad superior, un espíritu de alta moral que le hace arrostrar peligros y sacrificios por la libertad y la verdad. su hijo federico el grande declaró que moría aburrido de gobernar un pueblo de esclavos. bismarck apretó la mano para aplastar los últimos intentos de protesta, si es que realmente existían. y cuando sus amigos le amenazaban con una revolución, el _junker_ feroz se llevaba las manos á los ijares, lanzando las más insolentes de sus carcajadas. muchas veces le había oído argensola hablar contra su país. pero se indignaba al considerar el desprecio con que el orgullo germánico trataba al pueblo ruso. excelentes peones de la ciencia; sabios tenaces y de vista corta, confinado cada uno en su especialidad; benedictinos del laboratorio, que trabajaban mucho y acertaban algunas veces á través de enormes equivocaciones dadas como verdades por ser suyas: esto era todo.
otro rotulaba con una cifra el remedio vencedor de la más inconfesable de las enfermedades, y la peste genital seguía azotando al mundo. y todos estos errores representaban fortunas considerables: cada panacea salvadora daba lugar á la constitución de una sociedad industrial, vendiéndose los productos á grandes precios, como si el dolor fuese un privilegio de los ricos.
sólo un pueblo loco de orgullo puede imaginar que él lo es todo para la civilización y los demás no son nada. aparte de sus sabios especialistas, ¿qué genio ha producido en nuestros tiempos esa alemania que se cree universal? wágner es el último romántico, cierra una época y pertenece al pasado. su eslavismo era tan pronunciado, que hasta profetizó el aplastamiento de los germanos por los eslavos. nosotros, pueblo salvaje, hemos dado al mundo en los últimos tiempos artistas de una grandeza moral admirable. ¿qué nombres puede colocar enfrente de ellos la alemania de guillermo ii?. su país fué la patria de la música, pero los músicos rusos del presente son más originales que los continuadores del wagnerismo, que se refugían en las exasperaciones de la orquesta para ocultar su mediocridad.
el pueblo alemán tuvo genios en su época de dolor, cuando aún no había nacido el orgullo pangermanista, cuando no existía el imperio. tchernoff lo sabía por experiencia y no necesitaba que los alemanes vinieran á contárselo. pero todas las clases ilustradas de rusia eran enemigas de la tiranía y se levantaban contra ella. ansioso de alcanzar una postura escénica en la historia, había acabado por afligir al mundo con la más grande de las calamidades. en nuestros tiempos, cada vez que el pueblo ruso ó polaco ha intentado reivindicar sus derechos, los reaccionarios emplearon al kaiser como una amenaza, afirmando que vendría en su auxilio. una mitad de la aristocracia rusa es alemana; alemanes los generales que más se han distinguido acuchillando al pueblo; alemanes los funcionarios que sostienen y aconsejan la tiranía; alemanes los oficiales que se encargan de castigar con matanzas las huelgas obreras y la rebelión de los pueblos anexionados. el eslavo reaccionario es brutal, pero tiene el sentimentalismo de una raza en la que muchos príncipes se hacen nihilistas. levanta él látigo con facilidad, pero luego se arrepiente y á veces llora. yo he visto á oficiales rusos suicidarse por no marchar contra el pueblo ó por el remordimiento de haber ejecutado matanzas.
el alemán al servicio del zarismo no siente escrúpulos ni lamenta su conducta: mata fríamente, con método minucioso y exacto, como todo lo que ejecuta. nuestro zar, en un ensueño humanitario de eslavo, acarició la utopía generosa de la paz universal, organizando las conferencias de la haya. el kaiser de la cultura ha trabajado años y años en el montaje y engrasamiento de un organismo destructivo como nunca se conoció, para aplastar á toda europa. el ruso es un cristiano humilde, igualitario, democrático, sediento de justicia; el alemán alardea de cristianismo, pero es un idólatra como los germanos de otros siglos. su religión ama la sangre y mantiene las castas; su verdadero culto es el de odín, sólo que ahora el dios de la matanza ha cambiado de nombre, y se llama el estado. argensola, que conocía las ideas y la historia del ruso, hizo un movimiento de asombro. la filosofía de la democracia moderna es un cristianismo laico. defendemos su derecho á la vida y al bienestar, lo mismo que los grandes exaltados de la religión, que vieron en todo infeliz á un hermano. nosotros exigimos el respeto para el pobre en nombre de la justicia; los otros lo piden en nombre de la piedad. pero unos y otros buscamos que los hombres se pongan de acuerdo para una vida mejor; que el fuerte se sacrifique por el débil, el poderoso por el humilde y el mundo se rija por la fraternidad, buscando la mayor igualdad posible.
el eslavo resumía la historia de las aspiraciones humanas. el pensamiento griego había puesto el bienestar en la tierra, pero sólo para unos cuantos, para los ciudadanos de sus pequeñas democracias, para los hombres libres, dejando abandonados á su miseria los esclavos y los bárbaros, que constituían la mayor parte. la revolución y sus herederos los socialistas ponían la felicidad en las realidades inmediatas de la tierra, lo mismo que los antiguos, y hacían partícipes de ella á todos los hombres, lo mismo que los cristianos. alemania se ha fabricado un dios á su semejanza, y cuando cree adorarlo, es su propia imagen lo que adora. el dios alemán es un reflejo del estado alemán, que considera la guerra como la primera función de un pueblo y la más noble de las ocupaciones. otros pueblos cristianos, cuando tienen que guerrear, sienten la contradicción que existe entre su conducta y el evangelio, y se excusan alegando la cruel necesidad de defenderse. alemania declara que la guerra es agradable á dios. yo conozco sermones alemanes probando que jesús fué partidario del militarismo.
las religiones tendieron siempre á la universalidad. su fin es poner á los hombres en relación con dios y sostener las relaciones entre todos los hombres. prusia ha retrogradado á la barbarie creando para su uso personal un segundo jehová, una divinidad hostil á la mayor parte del género humano, que hace suyos los rencores y las ambiciones del pueblo alemán. los alemanes eran unos cristianos de la víspera. su cristianismo databa de seis siglos nada más, mientras que el de los otros pueblos de europa era de diez, de quince, de diez y ocho siglos. cuando terminaban ya las cruzadas, los prusianos vivían aún en el paganismo. a semejanza del antiguo dios germánico, que era un caudillo militar, el dios del evangelio se veía adornado por los alemanes con lanza y escudo. --el cristianismo en berlín lleva casco y botas de montar. dios se ve movilizado en estos momentos, lo mismo que otto, fritz y franz, para que castigue á los enemigos del pueblo escogido.» el cristianismo, según los sacerdotes alemanes de todas las confesiones, sólo puede influir en el mejoramiento individual de los hombres y no debe inmiscuirse en la vida del estado.
el dios del estado prusiano es el «viejo dios alemán», un heredero de la feroz mitología germánica, una amalgama de las divinidades hambrientas de guerra. en el silencio de la avenida, el ruso evocó las rojas figuras de los dioses implacables. iban á despertar aquella noche al sentir en sus oídos el amado estrépito de las armas y en su olfato el perfume acre de la sangre. wotan afilaba su lanza, que tiene el relámpago por hierro y el trueno por regatón. odín, el del único ojo, bostezaba de gula en lo alto de su montaña, esperando á los guerreros muertos que se amontonarían alrededor de su trono. las desmelenadas walkyrias, vírgenes sudorosas y oliendo á potro, empezaban á galopar de nube en nube, azuzando á los hombres con aullidos, para llevarse los cadáveres, doblados como alforjas, sobre las ancas de sus rocines voladores. para ella, los hombres no son iguales ante dios. este sólo aprecia á los fuertes, y los apoya con su influencia para que se atrevan á todo. los que nacieron débiles deben someterse ó desaparecer. los pueblos tampoco son iguales: están divididos en pueblos conductores y pueblos inferiores cuyo destino es verse desmenuzados y asimilados por aquéllos. y resulta inútil decir que el gran pueblo conductor es alemania. el orgullo alemán no se apoyaba únicamente en su dios; apelaba igualmente á la ciencia. los alemanes, tan orgullosos de su valer, construyen sobre terreno ajeno sus monumentos intelectuales, piden prestado al extranjero el material de cimentación cuando hacen obra nueva.
un francés y un inglés, gobineau y chamberlain, les han dado los argumentos para defender la superioridad de su raza. todo eso de la lucha por la vida con su cortejo de crueldades puede ser verdad en las especies inferiores, pero no debe ser verdad entre los hombres. somos seres de razón y de progreso, y debemos libertarnos de la fatalidad del medio, modificándolo á nuestra conveniencia. el animal no conoce el derecho, la justicia, la compasión; vive esclavo de la lobreguez de sus instintos. nosotros pensamos, y el pensamiento significa libertad. el fuerte, para serlo, no necesita mostrarse cruel; resulta más grande cuando no abusa de su fuerza y es bueno. todos tienen derecho á la vida, ya que nacieron; y del mismo modo que subsisten los seres orgullosos y humildes, hermosos ó débiles, deben seguir viviendo las naciones grandes y pequeñas, viejas y jóvenes. la finalidad de nuestra existencia no es la lucha, no es matar, para que luego nos maten á nosotros, y que á su vez caiga muerto nuestro matador.
los pueblos civilizados, de seguir un pensamiento común, deben adoptar el de la europa mediterránea, realizando la concepción más pacífica y dulce de la vida que sea posible. una sonrisa cruel agitó las barbas del ruso. la civilización es el afinamiento del espíritu, el respeto al semejante, la tolerancia de la opinión ajena, la suavidad de las costumbres. la _kultur_ es la acción de un estado que organiza y asimila individuos y colectividades para que la sirvan en su misión. y esta misión consiste principalmente en colocarse por encima de los otros estados, aplastándolos con su grandeza, ó lo que es lo mismo, orgullo, ferocidad, violencia. habían llegado á la plaza de la estrella. el arco de triunfo destacaba su mole obscura en el espacio estrellado. las avenidas esparcían en todas direcciones una doble fila de luces. los faroles situados en torno del monumento iluminaban sus bases gigantescas y los pies de los grupos escultóricos. más arriba se cerraban las sombras, dando al claro monumento la negra densidad del ébano. la brisa de la noche tomaba una frialdad invernal al deslizarse por el interior de la construcción.
la bóveda recortaba las aristas de sus extremos sobre el difuso azul del espacio. instintivamente volvieron los tres la cabeza para lanzar una mirada á los campos elíseos, que habían dejado atrás. sólo vieron un río de sombra en el que flotaban rosarios de estrellas rojas entre dos largas escarpaduras negras formadas por los edificios. pero estaban familiarizados con el panorama, y creyeron contemplar en la obscuridad, sin ningún esfuerzo, la majestuosa pendiente de la avenida, la doble fila de palacios, la plaza de la concordia en el fondo con su aguja egipcia, las arboledas de las tullerías.
toda una civilización que ama la paz y la dulzura de la vida ha pasado por aquí. muchas tardes, después del almuerzo, había encontrado en aquel mismo lugar á un hombre robusto, cuadrado, de barba rubia y ojos bondadosos. parecía un gigante detenido en mitad de su crecimiento. --le gustaba situarse donde nos hallamos en este momento. contemplaba las avenidas, los jardines lejanos, todo el parís que se ofrece á la admiración desde esta altura. una de las perspectivas más hermosas que pueden encontrarse en el mundo. cada vez que atravesaba el arco, la misma imagen surgía en su memoria. _ellos_ eran miles de cascos brillando al sol; miles de gruesas botas levantándose con mecánica rigidez todas á un tiempo; las trompetas cortas, los pífanos, los tamborcillos planos, conmoviendo el augusto silencio de la piedra; la marcha guerrera de _lohengrin_ sonando en las avenidas desiertas ante las casas cerradas. el, que era un extranjero, se sentía atraído por este monumento, con la atracción de los edificios venerables que guardan la gloria de los ascendientes. los hombres construyen creyendo solidificar una idea inmediata que halaga su orgullo. luego sobreviene la humanidad, de más amplia visión, que cambia el significado de la obra y la engrandece, despojándola de su primitivo egoísmo. las estatuas griegas, modelos de suprema belleza, habían sido en su origen simples imágenes de santuario regaladas por la piedad de las devotas de aquellos tiempos.
al evocar la grandeza romana, todos veían con la imaginación el enorme coliseo, redondel de matanzas, ó los arcos elevados á la gloria de césares ineptos. las obras representativas de los pueblos tenían dos significados: el interior é inmediato que le daban sus creadores, y el exterior, de un interés universal, que les comunicaban luego los siglos, haciendo de ellas un símbolo. exteriormente, es el monumento del pueblo que hizo la más grande de las revoluciones y de todos los pueblos que creen en la libertad.
sus constructores la elevaron á la memoria del gran ejército, y ese gran ejército fué el pueblo en armas esparciendo por toda europa la revolución. los artistas, que son grandes intuitivos, presintieron el verdadero significado de esta obra. los guerreros de rude que entonan la _marsellesa_ en el grupo que tenemos á la izquierda no son militares de oficio, son ciudadanos armados que marchan á ejercer su apostolado sublime y violento. su desnudez me hace ver en ellos unos _sans-culottes_ con casco griego. todos en europa despertamos á una nueva vida gracias á estos cruzados de la libertad. los pueblos evocan imágenes en mi pensamiento. si recuerdo á grecia, veo las columnatas del parthenón; roma señora del mundo es el coliseo y el arco de trajano; la francia revolucionaria es el arco de triunfo. habían barrido el pasado como una ola destructora, para retirarse inmediatamente. la gran marea depositaba todo lo que envolvían sus entrañas, como las aguas de ciertos ríos que fecundan inundando. y al replegarse los hombres, quedaba el suelo enriquecido por nuevas y generosas ideas. la otra vez eran unas pobres gentes, asombradas de su rápida fortuna, que pasaron por aquí como un rústico por un salón.
se contentaron con dinero para el bolsillo y dos provincias que perpetuasen el recuerdo de su victoria. pero ahora no serán soldados únicamente los que marchen contra parís. y en los furgones viene igualmente un bagaje enorme de salvajismo científico, una filosofía nueva que glorifica la fuerza como principio y santificación de todo, niega la libertad, suprime al débil y coloca al mundo entero bajo la dependencia de una minoría predilecta de dios, sólo porque dispone de los procedimientos más rápidos y seguros de dar la muerte. la humanidad debe temblar por su porvenir si otra vez resuenan bajo esta bóveda las botas germánicas siguiendo una marcha de wágner ó de cualquier _kapellmaister_ de regimiento. se alejaron del arco, siguiendo la avenida víctor hugo. tchernoff marchaba silencioso, como si le hubiese entristecido la imagen de este desfile hipotético. sufre eclipses, pero renace; puede ser desconocido, pisoteado, pero no por esto dejar de existir, y todas las almas buenas lo reconocen como única regla de vida. un pueblo de locos quiere colocar la violencia sobre el pedestal que los demás han elevado al derecho. con esta afirmación el ruso pareció tranquilizarse. tchernoff se apiadaba de los grandes dolores provocados por la catástrofe, de los miles y miles de tragedias domésticas que se estaban desarrollando en aquel momento.
en el centro de la ciudad y en torno de las estaciones se desarrollaba un movimiento extraordinario, pero el resto de la inmensa urbe no delataba el gran trastorno de su existencia. la calle solitaria ofrecía el mismo aspecto de todas las noches. la brisa agitaba dulcemente las hojas de los árboles. una paz solemne parecía desprenderse del espacio. las casas dormían, pero detrás de las ventanas cerradas se adivinaba el insomnio de los ojos enrojecidos, la respiración de los pechos angustiosos por la amenaza próxima, la agilidad trémula de las manos preparando el equipaje de guerra, tal vez el último gesto de amor, cambiado sin placer, con besos terminados en sollozos. tchernoff se acordó de sus vecinos, de aquella pareja que ocupaba el otro departamento interior detrás del estudio. el ruso había percibido rumor de disputas, choque de puertas cerradas con violencia y los pasos del hombre, que se iba en plena noche, huyendo de los llantos femeniles.
había empezado á desarrollarse un drama al otro lado de los tabiques: un drama vulgar, repetición de otros y otros que ocurrían al mismo tiempo. nuestra portera ha husmeado bien su nacionalidad. el se habrá marchado á estas horas para incorporarse á su regimiento. escuché los gemidos de ella á través de la pared; un llanto lento, desesperado, de criatura abandonada, y la voz del hombre, que en vano intentó hacerla callar. parecía otra mujer, con un aire de vejez, como si en unas horas hubiese vivido quince años. en vano había intentado animarla, recomendándole que aceptase con serenidad la ausencia de su hombre para no hacer daño al otro ser que llevaba en sus entrañas. oculta su estado con cierto pudor, pero yo la he sorprendido desde mi ventana arreglando ropitas de niño. la mujer le había escuchado como si no le entendiese. las palabras eran impotentes ante su desesperación. temía quedarse á solas con su amigo y que resurgiese su mal humor por las recientes contrariedades. la conversación con el ruso le interesaba. argensola habló de la oportunidad de destapar una botella de las muchas que guardaba en la cocina. tchernoff podría volver á su casa por la puerta del estudio que daba á la escalera de servicio. el amplio ventanal tenía las vidrieras abiertas; los huecos sobre el patio interior estaban abiertos igualmente; una brisa continua hacía palpitar las cortinas, balanceando los faroles antiguos, las banderas apolilladas y otros adornos del estudio romántico.
tomaron asiento en torno de una mesita, junto al ventanal, lejos de las luces que iluminaban un extremo de la amplia pieza. estaban en la penumbra, vueltos de espaldas al interior. tenían ante ellos los tejados de enfrente y un enorme rectángulo de sombra azul perforada por la fría agudeza de los astros. las luces de la ciudad coloreaban el espacio sombrío con un reflejo sangriento. los tres callaban, con el silencio admirativo y temeroso que la grandiosidad de la noche impone á los hombres. a veces el fulgor parpadeante de un astro parecía enganchar al paso el rayo visual de sus miradas, manteniéndolas en hipnótica fijeza.
su rostro barbudo tomó la expresión de una máscara trágica asomando entre los telones de la noche. algo lejano é indeciso turbó el silencio de la noche deslizándose por el fondo de una de las grietas que cortaban la inmensa planicie de tejados. los tres avanzaron la cabeza para escuchar mejor. más bien lo adivinaban con el pensamiento que lo percibían con sus oídos. debían ser de los barrios exteriores, tal vez del campo, y al atravesar parís envuelto en silencio, sentían el deseo de cantar la gran aspiración nacional, para que los que velaban detrás de las fachadas obscuras repeliesen toda perplejidad sabiendo que no estaban solos.
se perdía, devorado por la distancia y la respiración nocturna. tchernoff siguió bebiendo, pero con aire distraído, fijos los ojos en la niebla rojiza que flotaba sobre los tejados. adivinaban los dos amigos su labor mental en la contracción de su frente, en los gruñidos sordos que dejaba escapar, como un eco del monólogo interior. de pronto saltó de la reflexión á la palabra, sin preparación alguna, continuando en voz alta el curso de sus razonamientos.
y cuando dentro de unas horas salga el sol, el mundo verá correr por sus campos los cuatro jinetes enemigos de los hombres. ya piafan sus caballos malignos con la impaciencia de la carrera; ya sus jinetes de desgracia se conciertan y cruzan las últimas palabras antes de saltar sobre la silla. encontraron los dos amigos tan ininteligible esta contestación como las palabras anteriores.» pero su curiosidad le hizo insistir. creía haber hablado en alta voz desde el principio de sus reflexiones. se hizo un silencio; pero el laconismo del ruso no fué de larga duración. sintió la necesidad de expresar su entusiasmo por el soñador de la roca marina de patmos. el poeta de las visiones grandiosas y obscuras ejercía influencia, á través de dos mil años, sobre este revolucionario místico refugiado en el último piso de una casa de parís. sus delirios, ininteligibles para el vulgo, encerraban el misterio de los grandes sucesos humanos. tenía siete cabezas y diez cuernos. de los cuernos pendían diez diademas, y en cada una de las siete cabezas llevaba escrita una blasfemia.
el ruso leía las que flameaban ahora en las cabezas del monstruo: blasfemias contra la humanidad, contra la justicia, contra todo lo que hace tolerable y dulce la vida del hombre.» y la bestia, con toda su fealdad, pretendía gobernar al mundo y que los hombres la rindiesen adoración. los cuatro jinetes precedían la aparición del monstruo en el ensueño de juan. los siete sellos del libro del misterio eran rotos por el cordero en presencia del gran trono donde estaba sentado alguien que parecía de jaspe. el arco iris formaba en torno de su cabeza un dosel de esmeralda. veinticuatro tronos se extendían en semicírculo, y en ellos veinticuatro ancianos con vestiduras blancas y coronas de oro. cuatro animales enormes cubiertos de ojos y con seis alas parecían guardar el trono mayor. sonaban las trompetas saludando la rotura del primer sello. y aparecía el primer jinete sobre un caballo blanco. en la mano llevaba un arco y en la cabeza una corona: era la conquista, según unos; la peste, según otros. ostentaba una corona, y esto era bastante para tchernoff. y del sello roto saltaba un caballo rojizo. su jinete movía sobre la cabeza una enorme espada. la tranquilidad huía del mundo ante su galope furioso: los hombres iban á exterminarse. el que lo montaba tenía una balanza en la mano para pesar el sustento de los hombres. el cuarto animal saludaba con un bramido la rotura del cuarto sello. «el que lo montaba se llama la muerte, y un poder le fué dado para hacer perecer á los hombres por la espada, por el hambre, por la peste y por las bestias salvajes.
tchernoff describía los cuatro azotes de la tierra lo mismo que si los viese directamente. el jinete del caballo blanco iba vestido con un traje ostentoso y bárbaro. su rostro oriental se contraía odiosamente, como si husmease las víctimas. mientras su caballo seguía galopando, él armaba el arco para disparar la peste.
en su espalda saltaba el carcaj de bronce lleno de flechas ponzoñosas que contenían los gérmenes de todas las enfermedades, lo mismo las que sorprenden á las gentes pacíficas en su retiro que las que envenenan las heridas del soldado en el campo de batalla. el segundo jinete, el del caballo rojo, manejaba el enorme mandoble sobre sus cabellos, erizados por la violencia de la carrera. era joven, pero el fiero entrecejo y la boca contraída le daban una expresión de ferocidad implacable.
sus vestiduras, arremolinadas por el impulso del galope, dejaban al descubierto una musculatura atlética. viejo, calvo y horriblemente descarnado, el tercer jinete saltaba sobre el cortante dorso del caballo negro. sus piernas disecadas oprimían los flancos de la magra bestia. con una mano enjuta mostraba la balanza, símbolo del alimento escaso, que iba á alcanzar el valor del oro. las rodillas del cuarto jinete, agudas como espuelas, picaban los costados del caballo pálido. su piel apergaminada dejaba visibles las aristas y oquedades del esqueleto. su faz de calavera se contraía con la risa sardónica de la destrucción. los brazos de caña hacían voltear una hoz gigantesca. de sus hombros angulosos pendía un harapo de sudario. y la cabalgada furiosa de los cuatro jinetes pasaba como un huracán sobre la inmensa muchedumbre de los humanos. el cielo tomaba sobre sus cabezas una penumbra lívida de ocaso.
monstruos horribles y disformes aleteaban en espiral sobre la furiosa _razzia_, como una escolta repugnante. la pobre humanidad, loca de miedo, huía en todas direcciones al escuchar el galope de la peste, la guerra, el hambre y la muerte. hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, se empujaban y caían al suelo en todas las actitudes y gestos del pavor, del asombro, de la desesperación.
y el caballo blanco, el rojo, el negro y el pálido los aplastaban con indiferencia bajo sus herraduras implacables: el atleta oía el crujido de sus costillajes rotos, el niño agonizaba agarrado al pecho maternal, el viejo cerraba para siempre los párpados con un gemido infantil. abandonando su asiento, iba de un lado á otro con grandes pasos. le parecía débil su descripción de las cuatro calamidades vistas por el poeta sombrío. un gran pintor había dado forma corporal á estos terribles ensueños. y repentinamente huyó del estudio, dirigiéndose á la escalera interior para entrar en sus habitaciones. quería traer el libro para que lo viesen sus amigos. poco después volvieron con el volumen. habían dejado abiertas las puertas tras de ellos. se estableció una corriente de aire más fuerte entre los huecos de las fachadas y el patio interior. tchernoff colocó bajo una lámpara su libro precioso. los tres quedaron en extática admiración ante la lámina que representaba la loca carrera de los jinetes apocalípticos. el cuádruple azote se precipitaba con un impulso arrollador sobre sus monturas fantásticas, aplastando á la humanidad loca de espanto. algo ocurrió de pronto que hizo salir á los tres hombres de su contemplación admirativa; algo extraordinario, indefinible: un gran estrépito que pareció entrar directamente en su cerebro sin pasar por los oídos; un choque en su corazón.
el instinto les advirtió que algo grave acababa de ocurrir. por las puertas abiertas llegó un ruido de alarma procedente del patio: persianas que se abrían, pasos atropellados en los diversos pisos, gritos de sorpresa y de terror. los tres corrieron instintivamente hacia las ventanas interiores. antes de llegar á ellas, el ruso tuvo un presentimiento. al asomarse vieron luces en el fondo; gentes que se agitaban en torno de un bulto tendido sobre las baldosas. la alarma había poblado instantáneamente todas las ventanas. era una noche sin sueño, una noche de nerviosidad, que mantenía á todos en dolorosa vigilia.
la explicación de la portera saltó de ventana en ventana hasta el último piso. el ruso movió la cabeza con expresión fatal. la infeliz no había dado sola el salto de muerte. ya estaban sobre la silla; ya emprendían su galope implacable, arrollador. las fuerzas ciegas del mal iban á correr libres por el mundo. empezaba el suplicio de la humanidad bajo la cabalgada salvaje de sus cuatro enemigos. ¿era posible una guerra con tantos ferrocarriles, tantos buques de comercio, tantas máquinas, tanta actividad desarrollada en la costra de la tierra y sus entrañas?.
las naciones se arruinarían para siempre. estaban acostumbradas á necesidades y gastos que no conocieron los pueblos de hace un siglo. su alma de hombre de negocios se indignó ante los centenares de miles de millones que la loca aventura iba á invertir en humo y matanzas. como su indignación necesitaba fijarse en algo inmediato, hizo responsables de la gran locura á sus mismos compatriotas. iban á tocar los resultados de tanta insensatez exasperada y ruidosa. la guerra significaba para él un desastre á breve plazo. ahora los triunfadores eran los pueblos del norte, y sobre todos, aquella alemania que él había visto de cerca, admirando con cierto pavor su disciplina, su dura organización.
el antiguo obrero sentía el instinto conservador y egoísta de todos los que llegan á amasar millones. despreciaba los ideales políticos, pero por solidaridad de clase había aceptado en los últimos años todas las declamaciones contra los escándalos del régimen. a impulsos de esta sacudida moral, empezó á creer en algo. la gran masa de su país era buena: el pueblo valía como en otros tiempos. cuarenta y cuatro años de alarma y angustia habían hecho florecer las antiguas virtudes. el anonimato del régimen democrático y de la paz mantenía al país en una ignorancia completa acerca de sus futuros caudillos.» sus primeros retratos hicieron agolparse á la muchedumbre curiosa.» sus instintos de hombre de orden se sintieron halagados por el aire grave y sereno del general de la república. experimentó de pronto una gran confianza, semejante á la que le inspiraban los gerentes de banco de buena presencia. a este señor se le podían confiar los intereses, sin miedo á que hiciese locuras. la avalancha de entusiasmo y emociones acabó por arrastrar á desnoyers. como todos los que le rodeaban, vivió minutos que eran horas y horas que parecían años.
los sucesos se atropellaban; el mundo parecía resarcirse en una semana del largo quietismo de la paz. el viejo vivió en la calle, atraído por el espectáculo que ofrecía la muchedumbre civil saludando á la otra muchedumbre uniformada que partía para la guerra. por la noche presenció en los bulevares el paso de las manifestaciones. la bandera tricolor aleteaba sus colores bajo los faros eléctricos. los cafés, desbordantes de público, lanzaban por las bocas inflamadas de sus puertas y ventanas el rugido musical de las canciones patrióticas. de pronto se abría el gentío en el centro de la calle entre aplausos y vivas. iban desfilando las banderas de los diversos pueblos con todas las tintas del iris, y detrás de ellas los rusos, de ojos claros y místicos; los ingleses, con la cabeza descubierta, entonando cánticos de religiosa gravedad; los griegos y rumanos, de perfil aquilino; los escandinavos, blancos y rojos; los americanos del norte, con la ruidosidad de un entusiasmo algo pueril; los hebreos sin patria, amigos del país de las revoluciones igualitarias; los italianos, arrogantes como un coro de tenores heroicos; los españoles y sudamericanos, incansables en sus vítores.
eran estudiantes y obreros que perfeccionaban sus conocimientos en escuelas y talleres, refugiados que se habían acogido á la hospitalaria playa de parís como náufragos de guerras y revoluciones. sus gritos no tenían significación oficial. y desnoyers, conmovido por el espectáculo, pensaba que francia era todavía algo en el mundo, que aún ejercía una fuerza moral sobre los pueblos, y sus alegrías ó sus desgracias interesaban á la humanidad. de seguro que ningún extranjero se une ostensiblemente á sus manifestaciones. empezó á sentir cierto remordimiento ante el entusiasmo de los extranjeros que ofrecían su sangre á francia. muchos se lamentaban de que el gobierno retardase veinte días la admisión de voluntarios, hasta que hubiesen terminado las operaciones de la movilización. una masa humana se aglomeraba contra la verja, desbordándose en tentáculos por las calles inmediatas. la estación, que iba adquiriendo la importancia de un lugar histórico, parecía un túnel estrecho por el que intentaba deslizarse todo un río, con grandes choques y rebullimientos contra sus paredes. una parte de la francia en armas se lanzaba por esta salida de parís hacia los campos de batalla de la frontera. otros emprendían ahora el mismo camino. las muchedumbres populares iban acudiendo de los extremos de la ciudad para ver cómo desaparecían en el interior de la estación masas humanas de contornos geométricos, uniformemente vestidas, con relámpagos de acero y cadencioso acompañamiento de choques metálicos.
los medios puntos de cristales, que brillaban al sol como bocas ígneas, tragaban y tragaban gente. por la noche continuaba el desfile á la luz de los focos eléctricos. a través de las verjas pasaban miles y miles de corceles; hombres con el pecho forrado de hierro y cabelleras pendientes del casco, lo mismo que los paladines de remotos siglos; cajas enormes que servían de jaula á los cóndores de la aeronáutica; rosarios de cañones estrechos y largos, pintados de gris, protegidos por mamparas de acero, más semejantes á instrumentos astronómicos que á bocas de muerte; masas y masas de kepis rojos moviéndose con el ritmo de la marcha, y filas de fusiles, unos negros y escuetos, formando lúgubres cañaverales, otros rematados por bayonetas que parecían espigas luminosas. y sobre estos campos inquietos de mieses de acero, las banderas de los regimientos se estremecían en el aire como pájaros de colores: el cuerpo blanco, un ala azul, la otra roja, una corbata de oro en el cuello y en lo alto el pico de bronce, el hierro de la lanza que apuntaba á las nubes.
de estas despedidas volvía don marcelo á su casa vibrante y con los nervios fatigados, como el que acaba de presenciar un espectáculo de ruda emoción. a pesar de su carácter tenaz, que se resistía siempre á reconocer el propio error, el viejo empezó á sentir vergüenza por sus dudas anteriores. tal vez los más de sus compatriotas fuesen de carácter ligero y olvidadizo, entregados con exceso á los sensualismos de la vida; pero cuando llegaba la hora del peligro, cumplían su deber simplemente, sin necesitar la dura imposición que sufren los pueblos sometidos á férreas organizaciones.
en la mañana del cuarto día de movilización, al salir de su casa, en vez de encaminarse al centro de la ciudad marchó con rumbo opuesto, hacia la _rue de la pompe_. algunas palabras imprudentes de chichí y las miradas inquietas de su esposa y su cuñada le hicieron sospechar que julio había regresado de su viaje. sintió necesidad de ver de lejos las ventanas del estudio, como si esto pudiese proporcionarle noticias. y para justificar ante su propia conciencia una exploración que contrastaba con sus propósitos de olvido, se acordó de que su carpintero habitaba en dicha calle.
hace una semana que me prometió venir. una pieza casi subterránea le servía de habitación y de taller. desnoyers consentía á roberto sus declamaciones contra los burgueses, porque se prestaba á todos sus caprichos de incesante arreglador de muebles. en la lujosa vivienda de la avenida víctor hugo, el carpintero cantaba la _internacional_ mientras movía la sierra ó el martillo. esto y sus grandes atrevimientos de lenguaje lo perdonaba el señor, teniendo en cuenta la baratura de su trabajo. al llegar al pequeño taller le vió con la gorra sobre una oreja, anchos pantalones de pana á la mameluca, borceguíes claveteados y varias banderitas y escarapelas tricolores en las solapas de la chaqueta. el dueño ha sido movilizado y dentro de unas horas se incorporará á su regimiento. y señalaba un papel manuscrito fijo en la puerta de su tugurio, á semejanza de los carteles impresos que figuraban en todos los establecimientos de parís para indicar que patronos y dependientes habían obedecido la orden de movilización. nunca se le había ocurrido á desnoyers que su carpintero pudiera convertirse en soldado. era rebelde á toda imposición de autoridad. en los mítines contra la tiranía del cuartel había figurado como uno de los manifestantes más ruidosos. ¿y este revolucionario iba á la guerra con la mejor voluntad, sin esfuerzo alguno?.
roberto habló con entusiasmo del regimiento, de la vida entre camaradas, teniendo la muerte á cuatro pasos. es preciso que alguien dirija y que los demás sigan, por voluntad, por consentimiento. cuando llega la guerra se ven las cosas de distinto modo que cuando uno está en su casa haciendo lo que quiere. había buscado á los compañeros de su sección para enterarse de lo que proyectaban contra los burgueses. algo había en el aire que se oponía á la lucha civil, que dejaba en momentáneo olvido los agravios particulares, concentrando todas las almas en una aspiración común. sigo pensando como antes: amo la paz, odio la guerra; y como yo, todos los camaradas. pero los franceses no hemos provocado á nadie y nos amenazan, quieren esclavizarnos. seamos fieras, ya que nos obligan á serlo; y para defendernos bien, que nadie salga de la fila, que todos obedezcan. acuérdese de los ejércitos de la primera república: todos ciudadanos, lo mismo los generales que los soldados; pero hoche, kleber y los otros eran rudos compadres que sabían mandar é imponer la obediencia. además de los periódicos y folletos de «la idea» había leído en cuadernos sueltos á michelet y otros artistas de la historia.
nos batiremos para que esta guerra sea la última. si triunfasen los enemigos triunfaría la continuación de la guerra y la conquista como único medio de engrandecerse. primero se apoderarían de europa, luego del resto del mundo. deseamos recuperar alsacia y lorena porque fueron nuestras y sus habitantes quieren volver con nosotros. no imitaremos á los enemigos apropiándonos territorios y poniendo en peligro la tranquilidad del mundo. tuvimos bastante con napoleón: no hay que repetir la aventura.
vamos á batirnos por nuestra seguridad y al mismo tiempo por la seguridad del mundo, por la vida de los pueblos débiles. pero es de defensa, y los gobernantes no tienen culpa de ello. nos vemos atacados y todos debemos marchar unidos. el carpintero, que era anticlerical, mostraba una tolerancia generosa, una amplitud de ideas que abarcaba á todos los hombres.. gantasy, inh, kin, i8n, inj, rzpe, in, michigyan, srory, fan5asy, mnichigan, fantasyt, dclip, fgree, hiygh, michigan, rape, in, fantasy, storry, rape, in, micchigan, royal, michigan, chool, free, reate, rapr, scool, rzape, school, fabtasy, dfree, ape, rlyal, story, hign, michibgan, rage, frere, clp, oamk, rat4, 9in, rap3, micuigan, 4rape, hignh, razpe, high, rioyal, sxhool, scbool, oak, royalp, mixchigan, royal, stlry, fdantasy, story, fantasy, 4rate, storty, stor, fdree, storyy, free, high, story, michigan, storey, fred, troyal, rdoyal, uhigh, ralpe, mi8chigan, michiganb, rats, fqantasy, schoool, stry, oak, jin, mochigan, rape, 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